¿Por qué crece la violencia en Medellín?

Publicado en por MINGA.

¿Por qué crece la violencia en Medellín?

 Autor: Jorge Gómez Gallego]


En detalle han explicado que la desmovilización de las bandas paramilitares, fue apenas una ficción que reflejaba el control absoluto de los territorios de los barrios de Medellín, por parte de una de ellas, y que los supuestos pactos, eran apenas una protocolización de ese dominio hegemónico. Y eso desde luego provocó una caída en las cifras de homicidios, pero dejó intactas las estructuras delictivas.

¿Por qué crece la violencia en Medellín? “es la economía, estúpido”.

Autoridades municipales y nacionales, parecen no encontrar una explicación que satisfaga a la opinión pública para explicar el fenómeno del incremento inusitado de la violencia en la ciudad de Medellín. El gobierno nacional, leyendo su guión reeleccionista y defendiendo su “seguridad democrática”, unas veces sindica al narcotráfico, otras a la inoperancia de las autoridades judiciales, y hasta insinúa que el asunto es responsabilidad de las autoridades locales. El Alcalde por su parte, en desarrollo del libreto de la campaña presidencial de su “independiente” antecesor, le devuelve el balón al gobierno nacional, y le increpa la falta de policías o de inteligencia.

Y claro, todas esas explicaciones no están totalmente desprovistas de razón, pues esos son todos factores que pueden ayudar a explicar el fenómeno, pero solo de manera muy parcial, y son utilizadas para ocultar sus verdaderos orígenes.

Algunas ONG, como CORPADES, ha denunciado casi en solitario, que los pactos de “gobernabilidad” suscritos por la administración Fajardo, en asocio con el gobierno nacional, y prolongados por su sucesor con el nombre de pactos de convivencia, denominados acertadamente por esa organización como pactos de “conveniencia”, explican en gran medida esta nueva erupción del homicidio en la ciudad de Medellín.

En detalle han explicado que la desmovilización de las bandas paramilitares, fue apenas una ficción que reflejaba el control absoluto de los territorios de los barrios de Medellín, por parte de una de ellas, y que los supuestos pactos, eran apenas una protocolización de ese dominio hegemónico. Y eso desde luego provocó una caída en las cifras de homicidios, pero dejó intactas las estructuras delictivas.

Con ese palmarés, el candidato Fajardo, siendo Alcalde, inició su campaña presidencial, con una de sus frases tan mediáticas, como vacías: “Medellín pasó del miedo a la esperanza”. Las cifras que le permitían recitar esa consigna correspondían principalmente a la caída de la tasa de homicidios, entre el 2004 y 2007. Este guarismo hablaba de una disminución de 57 a 26 homicidios por cada 100.000 habitantes en esos cuatro años.

Hasta el final de octubre, según Medicina Legal, la tasa de homicidios en la ciudad, ya va por 73 por cada 100.000, lo que significa, si nos atenemos al dicho del candidato que “no es uribista ni antiuribista, sino todo lo contrario”, que nos devolvimos “al miedo y pasamos al terror”.

Desconocer que en gran medida esta escalada violenta tiene origen en los pactos popularmente denominados de “donbernabilidad”, es apenas natural en la lógica del gobierno de Uribe y de los dos últimos alcaldes de la ciudad, pues ello constituiría un reconocimiento a que esos ficticios acuerdos de paz, corresponden más a una preocupación politiquera que a un ánimo humanitario.

Pero hay un aspecto al que ni remotamente se remiten los análisis oficiales, y por supuesto, al que no le ofrecen ningún tipo de solución, y es el que tiene que ver con las alternativas de vida que este régimen económico le ofrece a los jóvenes que por física pobreza y falta de oportunidades cayeron en garras del hampa, y de los que siguen llegando a ese horror todos los días.

Con el reinado del neoliberalismo y de la política de “confianza inversionista”, Medellín ha dejado de ser la meca de la industria manufacturera nacional, y las administraciones municipales se han limitado a aceptar, sin chistar, estas políticas que son una imposición de los monopolios imperialistas, y lo que es peor, a impulsarlas de distintas formas.

Por esa razón las tasas de desempleo y de informalidad en nuestra ciudad, son superiores a las registradas para el país en su conjunto, y por esa misma razón, a los jóvenes que se inscriben en programas de reinserción, la realidad que les espera, después de recibir por un tiempo una limosna del Estado, y unos cuantos cursos de capacitación, es la del desempleo, la del empleo precarizado y tercerizado, o la del rebusque. La misma que los condujo a ser carne de cañón de las organizaciones delictivas armadas.

Sin trabajo productivo, decente, estable, que se traduzca en condiciones dignas de vida, que se corresponda al fortalecimiento de nuestro principal mercado que es el interno, con una economía especializada en especulación, servicios o comercio, el desempleo, la miseria y la informalidad crecerán, y con ellos, inevitablemente, en una sociedad como la nuestra, la violencia seguirá su ciclo ascendente.

Por eso cuando los gobernantes locales y nacionales, se empeñan en inventar justificaciones para quedar bien con la galería en asunto tan sensible, les quiero recordar hoy la popular frase que acuñó James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton en 1992, con la que explicaba la derrota que su jefe le propinó a George Bush padre, en su aspiración reeleccionista, a pesar de la popularidad resultante de sus triunfos en la política exterior, pero en medio de un creciente desempleo: “Es la economía, estúpido”.

http://www.nasaacin.org/noticias.htm?x=10793

*Diputado Asamblea Departamental de Antioquia.

 

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